Sobre Snake
Snake no ha cambiado mucho desde que apareció en los viejos Nokia, y tampoco le hace falta. Guías una línea brillante por un recinto cerrado, comes celdas para alargarte e intentas no chocar contigo mismo. Fácil al principio. Veinte celdas después, ese tablero despejado se ha convertido en un laberinto que construiste sin querer.
La mayoría lo juega como un juego de reflejos y se queda en unos diez puntos. No lo es. Quien llega a 300 deja de perseguir la bolita y empieza a pensar dónde necesita estar dentro de dos segundos. Recorre el tablero en carriles rectos y largos para que el cuerpo quede pegado a la pared, y deja el centro libre. Cuando eso encaja, lo difícil deja de ser tu reacción y pasa a ser tu paciencia.
Cada cinco bolitas la velocidad sube un punto, así que el tablero se acelera justo cuando se llena. Hay un tope, de modo que nunca se vuelve injugable, pero los últimos niveles dan por hecho que ya sabes adónde vas. Tu mejor puntuación se guarda en el navegador, así que siempre hay un número esperando a que lo superes.
Mejorar en Snake
- Pégate al borde exterior y ve en espiral hacia dentro. Así la cola queda donde puedes preverla.
- No te metas en un hueco si aún no ves por dónde sales.
- Cuando salte la velocidad, da una vuelta segura antes de intentar nada.